Las ventanas de aluminio se han convertido en un elemento clave de la construcción moderna, ya que aúna estilo, funcionalidad y durabilidad.
Aquí enumeramos algunas características interesantes de este versátil material:
Aunque no se encuentra puro en la naturaleza, representa alrededor del 8 % de la corteza terrestre. Esto lo convierte en un recurso altamente disponible y sostenible, ideal para construcción.
El aluminio es conductor de calor, lo que podría ser negativo en ventanas, pero al introducir la pieza de resina entre los perfiles o lo que se denomina RPT, se rompe la transmisión de frío o calor, obteniendo un aislamiento óptimo. Evidentemente, en climas con temperaturas bajas es muy utilizado.
A diferencia de otros materiales, el aluminio se puede reciclar al 100 % sin perder propiedades. Al reciclarlo solo usa el 5 % de la energía necesaria para producirlo desde cero.
Gracias a gran resistencia, se pueden introducir en los diseños perfiles muy delgados, lo que permite el paso de luz natural. Es sostenible y apto para la certificación energética.
Puede llegar a durar hasta 50 años y su mantenimiento es tan fácil como usar un poco de agua y jabón.
Es un material enormemente resistente en comparación a otros materiales, especialmente a la corrosión.
El aluminio dispone de una amplia gama de colores adaptado a cualquier estilo. Las texturas también son variadas como mate, brillante, satinada o rugosa. Las texturas imitación madera también son muy utilizadas, ya que consiguen unos buenos acabados con una mayor resistencia que la madera natural.
En caso de incendio, no se quema ni emite gases tóxicos, como ocurre con el PVC. Debido a su alta resistencia al fuego y a las altas temperaturas, el aluminio tiene la capacidad de formar una capa de óxido en su superficie cuando se expone al aire, que actúa como una barrera protectora ante las llamas.
Estructuralmente también es muy resistente y permite hacer ventanas de gran formato. Ideal para fachadas de vidrio o proyectos modernos con visión panorámica.




